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[ q t r e q t ]



Y ahora tendría que borrarse de la piel el tatuaje con su nombre

simplemente he pensado en un título, lo primero que se me viniese a la cabeza, y he intentado hacer un relato con ello... pero es una cursilada monumental hihi

☯ a We Heart It-on... - blackbirds | via Tumblr
Amanda.
Mierda, con lo que había costado. Ya podría haberlo pagado ella.
Cyanaf se planteaba seriamente buscar otra con el mismo nombre y casarse, porque no quería llevar aquella maldición sobre la piel durante el resto de su vida. Debía asociárselo al futuro, y esperar que el futuro no le fallase.
Aunque cada trazo verde oscuro le recordaba a Amanda. Nunca habría otra en aquella palabra. Sentía el cosquilleo en el borde de la "A", el de sus dedos pasando por encima, cuando todavía tenía relieve porque era reciente. Y diciéndole decenas de veces "es precioso". Los besos en la sílaba "man", que más tarde subieron por su brazo. Y él creyendo que no podría pagar aquel amor, que una marca de por vida nunca sería suficiente.
Bien, ahora sí estaba bastante convencido.
Se sentía como una res. La chica le había quemado la piel para declararlo de su propiedad, y tras tenerlo ganado, se marchaba a encaudilar otros animales.
Aunque no le fastidiaría tanto pensar que era parte de una masa de corazones rotos, a que sólo significaba un error  por olvidar. Nada obtenido, tan sólo un chico sobre el que hacer muecas de asco con sus amigas. Y que Amanda buscaba a alguien que mereciese la pena. Y ahora estuviese disfrutándolo, bebiendo felicidad. 
Cyanaf la había querido. Tanto que seguramente hubiese sido su perdición. No controlaba su amor, no le ponía correas al sentimiento. Sólo se resistió al principio, jugando. A ella le gustaba. Pero en cuanto pensó que estaba seguro, desató su devoción y... desapareció.
Y aquello le volvía loco. Porque una parte de su mente todavía pensaba que el juego seguía, pero la otra sabía con certeza que Amanda nunca volvería. Y eso le dolía, le enfurecía. Le llenaba de sentimientos tan fuertes y contradictorios que no creía que su cabeza los aguantase.
Y odiaba a Amelia con cada esquirla de su razón. Y la amaba tanto que, en forma de deidad, acaparaba al pleno sus pensamientos.
Intentaba pensar que no era más que una persona. El mundo estaba lleno de ellas. Pero él también, a penas una persona más, y se había creído tan importante en sus brazos...
No quería olvidarla. Y deseaba olvidarla más que nada. No quería que le olvidase. Y haría lo que fuese por desaparecer de sus pensamientos, porque estaba seguro de que sólo le dedicaban repugnancia.

A Cyanaf le escocía la piel. Al pasar el estropajo de un lado a otro, podía ver el rastro rojo intenso que dejaba. El tatuaje casi no se veía bajo tanta irritación. Presionaba las cerdas contra la piel con una fuerza que agarrotaba sus nudillos. Empujaba con rabia, y todo el brazo le dolía ya. Con aquel dolor, era incapaz de pensar.
No sabía qué parte del cerebro le había dicho que podría borrar a Amanda si se sacaba la piel como una bestia. No creía ni que el cerebro hubiese participado.
Al tiempo, paró. La quemazón no era de su desagrado, pero el brazo con el que frotaba recibía tirones y había decidido terminar por su cuenta. Tuvo que estirar el hombro, en movimientos circulares.
Pasó un tiempo allí, con la cabeza apoyada en la cisterna y los ojos cerrados. Cuando miró el tatuaje de nuevo, quiso maldecir en voz alta; aquello no se movería de allí. La hinchazón simplemente desaparecería, y además de las letras, podría ser que quedase algún rasguño que le recordase lo muy roto que estaba por dentro.
Entonces un destello captó su mirada, que estaba desorientada y vagabundeaba un poco por el baño sin saber bien dónde posarse. Y Cyanaf tuvo una idea.
Rompió su hoja de afeitar para sacar las cuchillas.

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