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Falling star nº4; Poleo Menta


Pa' Difansy.

Falling star nº4
cute necklace | Tumblr
<<Poleo Menta>>



    «¿Pero no estaba Xian a cargo de que no hiciese alguna tontería?», pensó Enoch nada más verla. Suponía que Neis podía cuidarse sola, pero debía atender a algunas leyes de su mundo que le eran desconocidas… la de la gravedad, al parecer.

    –Neis –dijo él, manteniendo la calma–, ¿estás subida a un árbol de diez metros de altura por alguna razón coherente o es sólo para fastidiar?

    No respondió ella, sino Xian, que salía de la casa a sus espaldas. Con esa tranquilidad suya que a veces sacaba a Enoch de quicio.
    –He intentado disuadirla, hermano, pero no hay manera. 

    –¿¡Y CÓMO HAS INTENTADO DISUADIRLA!? ¿¡BEBIENDO TÉ!? –Le acusó, mientras él se llevaba a los labios una tacita de porcelana.

    –En realidad, es poleo menta… y no. –Se defendió. 

    –Enoch es un gruñón. –Se burló Neis, que estaba sentada por encima de sus cabezas.

    Él gruñó. Neis y Xian se rieron.
    –Las ramas de ese árbol no valen para sostener personas, Neis, son más viejas que… que nada. –En realidad no recordaba ninguna época de su vida sin aquel árbol alto y roñoso. – Se romperán.

    –Seguro que no son más viejas que yo. –Replicó, altiva. – Además… ¡mira lo que he encontrado! –Alzó una criatura que reposaba en su regazo para que la viese. Se tambaleó, puesto que dejaba de agarrarse al tronco para enseñarlo. 

    –Un gato. –Afirmó Enoch. – Vale, bien; aquí los hay a toneladas.

    –Pues yo no veo toneladas de cositas de éstas, ¡mira qué cara de bueno!

    –Sí. Claro.

    –Enoch, no lo estás mirando.

    Enoch suspiró.
    –¿Si le digo al gato que es tremendamente guapo y que podría ser portada de revista, bajarás?

    –Por supuesto. –Dijo Neis con una sonrisa.

    –Vale, –Enoch apuntó a aquella bola peluda con el dedo. – Eres tremendamente guapo, y podrías ser portada de revista. Baja.

    –¡No, no espera! Tienes que dejar que se quede a vivir en tu casa. Fuera hace frío.

    –Neis…

    Xian se carcajeó sonoramente.
    –Ésta semana nos hemos agenciado dos inquilinos nuevos, ¡qué suerte!

    –No. –Replicó Enoch.-No, no, no. El gato no se queda.

    –No le has visto bien la cara de bueno. –Apuntó Neis.- O se queda, o no me muevo. 

    –Vale… no te muevas. 

    –¡Enoch! –reprochó ella.

    -¡Está bien! –Accedió él. –Está bien, que se quede.

    Neis bajó de un salto altísimo sin hacerse un rasguño. «Claro, he estado protegiendo de las alturas a una estrella exiliada.», se dijo Enoch, sintiéndose estúpido.
    –¡Si! Y como no sé su nombre… ¡le pondré uno nuevo! –Dijo, ilusionada.

    –Qué bien… –Musitó el chico a media voz.

    Los dos se sentaron en el escalón que había frente a la puerta de la casa. Neis acariciaba al gato, que era pequeño y blanco. Debía tener unos pocos meses. Enoch se dijo que aparecería su madre por ahí, reclamándolo, en breve. Neis se quedó pensativa durante unos segundos, y luego clavó sus ojos en los ambarinos del gato.

    –Se llamará Poleo. Como esa cosa… que bebía Xian. Menta es el apellido, por supuesto.

    –Por supuesto.

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